Noticias

Volver

Estás viendo... “Detalle de la noticia”

¡Por sus golpes los conocerás...! Son los más grandes jugadores. Los que todo aficionado debería conocer. Da igual cómo se llame el circuito: Pádel Pro Tour o World Padel Tour

15 de Mayo de 2014

Por Rubén López Morán

Juan Martín Díaz

The One. El porqué es de cajón. Lleva más de diez años en la cúspide. Y además es el jugador a quien todos los amantes al pádel quieren ver. Concretemos: los amantes del pádel imaginativo, inverosímil, el que descubre mundos paralelos. Forma pareja con un socio que está a la altura de las circunstancias. Un Fernando Belasteguín que se encarga de sacarle las castañas del fuego cuando ‘el galleguito’ decide dar un paso al frente aunque la lógica del juego reclame una actitud más conservadora. Y es ahí, justo ahí, donde saca a pasear su magia. Su zurda prodigiosa. El momento donde todo puede ocurrir. Donde los golpes al uso no tienen cabida. Los entendidos en la materia los llaman los golpes de último recurso. Para entendernos, aquellos que se prueban ‘in extremis’ a ver si suena la flauta. Lo que ocurre es que a Juan Martín no le suena la flauta precisamente, sino la orquesta entera ante el asombro del respetable. Y de los rivales. Que en ocasiones se echan las manos a la cabeza. Se frotan los ojos. Es lo que tiene tener una chistera por pala. Y si no me creen, por favor, pasen y vean.


Fernando Belasteguín

 ¡Mátame si puedes! Hay una frase que define a la perfección qué hay detrás de la figura de Fernando Belasteguín. “A mí para ganarme un punto me tienes que matar”. Si además esa mentalidad la sostiene uno de los jugadores más completos que ha dado el pádel la cosa pinta así: más de diez años como número 1 emparejado con Juan Martín Díaz. Una asociación donde tanto monta monta tanto, aunque los roles anden algo intercambiados. Nos explicamos. A Fernando le apodan El Bela. Sin embargo, la Bestia del cuento es él. Un hombre que entra en trance cada vez que se interna en la pecera de cristal. Solo hay que ver su mirada. Unos ojos abiertos como platos que parecen adelantarse por unos segundos a lo que va a suceder. Como en un continuo déja vu que le brinda el poder de la ubicuidad. Igual sale por la puerta para devolver un remate por tres que regresa para volear encimado a la red. Porque jamás de los jamases da una bola por perdida. Aferrándose a la pista con uñas y dientes y mucha cabeza. Una cabeza que le permite no solo leer los partidos, sino memorizarlos y recitarlos de corrido. Es verdad que su compañero le pone la guinda al partido con sus golpes de ensueño. Pero es él quien sostiene el guión. Es él quien mantiene la trama hasta que la dirige al único final que se permite: la victoria. Y si para conseguirla se tiene que convertir en una Bestia no lo dudará ni un segundo, la vida le va en ello.

 

Pablo Lima

Príncipes sin corona. Algún periodista ingenioso lo vio claro y les colgó el sambenito. Y ciertamente por edad y condición parecía que eran ellos los que estaban en primera posición en el orden sucesorio de los reyes del mambo. No obstante, lo que en principio fue un título bien traído con el tiempo se ha ido convirtiendo en una losa, porque a los de arriba no les da por morirse. Figuradamente hablando. Y es lo que pasa con estas cosas, que cuando crees que te ha llegado el turno, llegan otros más altos y más guapos y te roban el sitio. Y se te queda una cara de tonto. Doy fe de ello. Ahora bien, ¿quiénes son en realidad Los Príncipes? Pues en lo que respecta a Juani Mieres, hablamos de uno de los jugadores más desequilibrantes e imaginativos del circuito. En resumidas cuentas, un talento innato. Y a su lado tiene un Pablo Lima, parco en palabras, porque es un muro, ¡una roca!, capaz de llegar y devolver cualquier bola que se le presente, aunque sea in articulo mortis. Estos son los dos nombres propios que están llamados a suceder el reinado de la pareja que tanto monta monta tanto, Juan como Fernando. Fuerza y talento les sobra a raudales, pero que no se duerman porque en esto de las líneas sucesorias a veces la realidad es muy caprichosa y no siempre va de arriba abajo.

 

Matías Díaz

El mago y el guerrero. Qué se puede decir que no se haya dicho ya sobre Cristian Gutiérrez. Pues, por ejemplo, que es el jugador de pádel en activo que más variedad y calidad de golpes atesora. Creo que esto ya se ha dicho, pero qué más dará. Ahora bien, como todo jugador tocado por la varita, cuando los dioses no están de su parte cae en una depresión de juego que no lo levanta ni el más pintado. Esta es sin duda su asignatura pendiente, que cuando las musas están mirando para otro lado, el mago pueda seguir mostrando su repertorio que dicen los entendidos podría encumbrarle a lo más alto. Este  año se ha hecho acompañar por un guerrero. Un hombre que jamás se da por vencido. Que corre de un lado a otro de la pista barriendo todo lo que se menea. Sin ningún género de dudas, Matías Díaz es el compañero perfecto: un jugador que cubre al ciento por ciento la espalda del compañero sin un pero. Sin una mala cara. Sin olvidar que posee una bandeja como pocas y una volea de revés extraordinaria. Sin desatender que es un optimista testarudo, aunque le estén dando por todos lados. Estos son los integrantes de una pareja que dará que hablar este año y los venideros, si la mezcla cuaja. Quién sabe, quizá un mago y un guerrero pateen un tablero demasiado conocido, sobre todo en el resultado. Porque qué quieren que les diga, uno ya está aburrido de tanto rey y tanto príncipe, a uno lo que le gusta es un cuento de magos y guerreros. 

 

Miguel Lamperti

Sutileza y potencia bajo control: un cóctel de película. Si el circuito profesional fuese un plató de rodaje, Miguel Lamperti sería uno de los protagonistas de la película junto a su compañero Maxi Grabriel. Con su pelo cano y tez morena. Su mirada pícara y su permanente sonrisa. No obstante, sería injusto recaer todo su carisma a su aspecto exterior. Es cierto que muchos/as de sus fans, que los tiene a millares, están atraídos por ese aire de estrella de cine. Pero otros muchos lo están por su juego. Por el espectáculo que brinda cada vez que pisa una pista. Un jugador que ha hecho del remate por tres metros pura interpretación. Que le pega desde cualquier lugar, mientras el adversario sale raudo por la puerta para devolver una pelota que no solo lleva mucho veneno sino también mucho encanto. De sus muchas virtudes es que ha sido capaz de trasladar su forma de entender la vida a su juego. Y con la que está cayendo, cualquier optimista empedernido es bienvenido. Sobre todo cuando su juego mezcla sutileza y potencia como el mejor cóctel agitado y servido frío. Porque no lo olviden, estamos ante una mezcla de película.

 

Sebastián Nerone

El caballero y su compañero sempiterno. Son la pareja por antonomasia. Los que siempre jugaron juntos salvo un lapsus de tres o cuatro temporadas. Lo comentaron cuando se separaron. Habían caído en la rutina. Necesitaban darse un tiempo. Y transcurrido éste, vuelta al tajo codo con codo. Son amigos confesos. Lo cual no podía ser de otro modo. Si Sebastián es todo corazón, un corazón que no solo le permite cazar todo lo que se menea en la pista, movido por esos dos resortes que tiene por piernas; Gabriel, Gaby para los amigos, es un jugador menos pasional, más calculador. Que no frío. Porque es un enamorado de su profesión, aunque no lo exprese a voz en grito. Un amor  longevo como pocos porque va a hacer casi 20 temporadas que se encuentra en la cúspide del pádel. Es lo que tiene ser un profesional como la copa de un pino. Un jugador técnicamente impecable y que domina casi todas las suertes del juego. Es cierto que no posee un remate para quitarse el sombrero. Esos lances se los deja a su compañero de fatigas. Al bueno de Seba. Un hombre que cuando salta y se queda suspendido en el aire, todo el estadio permanece en silencio esperando el serpenteo de su víbora, que hace agachar la cerviz al más pintado. Llámese como se llame el interfecto. Estos son los dos hombres, historia viva del pádel. Disfrútelos mientras puedan, porque no hay ni habrá dos iguales: El caballero Gaby Reca y su compañero sempiterno Seba Nerone.

Volver

Deja tu comentario